Los niños podrían ser separados de sus padres cuando ingresen en la frontera, un plan que será anunciado este lunes, afirmó Los Angeles Times.

La estrategia, indicó el diario, entró en vigencia la semana pasada, pero el gobierno del presidente Donald Trump la anunciará formalmente la tarde de este lunes.

Los padres que traigan ilegalmente a niños a la frontera probablemente serán separados si son atrapados, según un funcionario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que no quería ser identificado antes de que se revelara la política.

Actualmente, en muchos casos, los agentes fronterizos intentan mantener unidas a las familias, enviando a todos los miembros al mismo centro de detención, pero eso ya no ocurrá.

En la mayoría de los casos, los padres serán enjuiciados y los niños enviados a un centro de refugiados por separado, dijo el funcionario.

 

Las familias que soliciten asilo y se presenten en los cruces fronterizos oficiales aún podrán permanecer juntas mientras buscan el estado de protección, afirmó el funcionario.

Todas las personas que ingresen como indocumentadas serán detenidas y procesadas.

El Departamento de Justicia (DOJ) anunció la semana pasada planes para enviar fiscales adicionales a las regiones fronterizas para procesar el aumento esperado en los casos, dijo el funcionario.

A finales de abril, la Administración Trump afirmó que no tiene una “política” de separar a familias detenidas en la frontera sur, pero la Unión de Libertades Civiles de EEUU (ACLU) destacó ante un tribunal federal el caso de un niño hondureño de 18 meses como uno de centenares de ejemplos de esa tragedia humana.

En una declaración escrita, la madre del niño, identificada sólo por su primer nombre, Mirian, detalla el momento en que ambos fueron separados al cruzar la frontera en Brownsville (Texas) el pasado 20 de febrero.

“Mi hijo lloraba mientras lo ponía en su asiento (en el vehículo del gobierno). Ni siquiera tuve oportunidad de consolar a mi hijo, porque los oficiales cerraron de un portazo el vehículo… aún ahora lloro cuando recuerdo el momento en que los oficiales de la frontera me quitaron a mi hijo”, dice Miran, de 29 años.