Todos los días millones de hispanos dejan que María Celeste Arrarás entre en sus hogares porque saben de su rigor informativo, de su calidez, de su don de gente. Con treinta años de carrera, por estos días la periodista puertorriqueña se lanza a otro desafío: dejar el Noticiero Telemundo para dedicarse por completo al programa “Al Rojo Vivo” y, lo que es aún más importante, tener más tiempo para compartir con sus hijos.

“Estoy realmente muy contenta”, confiesa María Celeste en una entrevista exclusiva para el Nuevo Herald. “Una de las razones por las que tomé la decisión de dejar el noticiero es porque mi hijo Julián se fue a vivir a Gainesville, ya que está estudiando en la Universidad de la Florida. Este es su primer año. En agosto me quedé muy afectada porque se me había ido mi hijo mayor. En ese momento me di cuenta que sólo quedaban un par de años para que mis otros dos hijos, Adrián y Lara, se vayan de casa. Ahora están en la secundaria. Están en una edad también en la que uno tiene que supervisar más, ya que van a fiestas, tienen parejas, tienen más estudios para ver si entran en las universidades, así que hay prestarles más atención”.

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“Y la verdad que haciendo los dos programas era imposible”, agrega la periodista ganadora de dos premios Emmy. “Volvía tarde a casa, cuando ellos ya estaban dormidos. ¡Mis hijos no pueden creer que ahora llego a casa y todavía hay sol! Ayer acompañé a mi hija a la práctica de voleibol y a mi hijo lo ayudé con una tarea. Hacía años que no lo hacía. En mi vida primero siempre ha estado la familia, pero también he puesto el trabajo en un alto nivel, ya que quiero sentirme realizada como profesional. A través de mi trabajo, también, es que puedo costearles el estudio a mis hijos y todas las cosas que tienen y aprecian”.

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En la hoguera de vanidades que suele ser el mundo del espectáculo, para muchos, la decisión de María Celeste es como renunciar a una corona. Se va del noticiero con un alto nivel de rating y abandona una dupla televisiva con el periodista Jóse Diaz-Balart en la que había química, se percibía en el aire que los dos estaban a gusto, se entendían con una mirada cómplice, y eso el público siempre lo agradece.

“Voy a extrañar mucho a José”, afirma María Celeste. “Somos muy buenos amigos. Era un placer hacer el show con él. Nos llevamos muy bien. Era como tener un amigo con quien trabajar. Eso es lo principal. Pero por suerte estamos juntos en la sala de redacción, ya que nos vamos a ver todos los días, aunque no es lo mismo que cuando estás sentado frente a cámaras por cierta cantidad de tiempo”.
Con más tiempo a su favor, María Celeste se dedicará por completo a su primer amor televisivo: “Al Rojo Vivo”. El programa desde su debut allá por el año 2002 se ha vuelto un clásico favorito del público hispano, ya que ofrece a través de una selección de noticias impactantes lo que sucede en el mundo. En lo que considera una nueva etapa del ciclo, la profesional asegura que habrá sorpresas.

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“Estaba haciendo el programa pero no me ocupaba de la dirección editorial, algo que hice durante muchos años, pero cuando empecé hace cuatro años a trabajar en el noticiero, me fue imposible”, informa la periodista que ha entrevistado a celebridades como Ricky Martin, Luis Miguel y Will Smith. “La dirección editorial de “Al Rojo Vivo” era algo que quería retomar. Ahora como directora editorial voy a renovar ciertos contenidos”.

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María Celeste habla con intensidad, las palabras iluminan su pensamiento. Como toda mujer siglo XXI, hace muchas actividades, y siempre está espléndida. Este año cumple 30 años en los medios de comunicación. Cuando se le pregunta por las diferencias que puede percibir entre aquella joven recién recibida de periodista en la prestigiosa Universidad de Loyola, en New Orleans, y la de hoy, la mujer que es un faro profesional para otros hispanos que comienzan la carrera en los medios de comunicación, no lo duda, y afirma:

“Creo que soy mucho más paciente con el mundo y conmigo misma. Eso es lo primordial. Cuando uno empieza una carrera se quiere comer el mundo, algo que todavía quiero, pero la diferencia de aquella María Celeste y la de ahora, es que hay otra manera de ver las formas. Ahora tengo mucho más temple, ecuanimidad, experiencia. Sé que si no se consigue esa exclusividad hoy, el mundo no se acaba, ya que siempre hay una más. A veces mortificarte porque no se consiguió una cosa hoy, lo que hace es que te quita concentración en otra que te puede funcionar mañana. Ese tipo de cosas ya vienen con la experiencia y con la madurez”.